No temas, José – Domingo IV de Adviento

Llegamos al cuarto y último domingo de Adviento. Dejamos atrás la figura de Juan el Bautista y aparecen en escena María y José. En este año litúrgico se resalta la figura de José, descendiente de David según la genealogía de san Mateo. Se dice en el evangelio que José era un hombre justo, no solo cumplidor de la Ley, sino un hombre capaz de entrar en diálogo con Dios. Para José, las reglas, las normas, sirven para crecer en el amor. San José nos da ejemplo a los cristianos, y pasa de ser un cumplidor de leyes a entrar en la santidad del amor.

José, como María, tenía sus planes, como todos los futuros matrimonios en Israel. Estaba desposado, es decir, con un compromiso serio de matrimonio. Pero Dios interviene y cambia sus planes. María está esperando un hijo por obra del Espíritu Santo y José no entiende y quiere ponerse a un lado. “No temas, José”. También a María le dijo lo mismo el ángel: no temas, no tengas miedo de abrir tu vida a Dios, no tengas miedo de colaborar con Dios. Dios habla en sueños a José, según el evangelio. Los sueños de José no son sólo sueños, como los de Calderón de la Barca, que afirma que los sueños, sueños son. No, los sueños de José son encuentros con el Dios que habla, con el Dios que se acerca al hombre y le comunica sus planes. José no era un soñador, sino un oyente de la Palabra. Ahora tiene una misión: llevarse a María a su casa y poner nombre al que va a nacer: le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará al mundo. ¡Qué tarea más hermosa! Poner nombre al niño, al Salvador. Nos salvará de los pecados.

Hoy también Dios se acerca a nosotros y nos habla de muchas maneras, pero el hombre se ha vuelto incrédulo y piensa que ya no tiene necesidad de salvación, que él se vale por sí solo para derrotar al pecado. Tremenda mentira y falsedad: solo Jesús salvará al mundo del pecado. A cada uno de nosotros, en vísperas de Navidad, Dios nos dice lo mismo que a José: no temas, llévame a casa, abre tu vida a Jesús, el Salvador. Abramos las puertas al Dios que viene, al Enmanuel, el Dios con nosotros para siempre. Con María y José caminemos a Belén. Feliz domingo y feliz Navidad.

Fr. Jacinto Anaya, oar

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