Bautismo de Jesús: Solidario con los pecadores

Hace pocos días celebrábamos la Epifanía del Señor, su manifestación a todos los pueblos de la tierra. Hoy se produce otra manifestación en el bautismo de Jesús. Se escucha la voz del Padre: “Este es mi Hijo Amado”.

Jesús deja atrás su vida oculta de Nazaret y comienza su misión, el anuncio del Reino de Dios. Pero antes tiene lugar la escena del evangelio de hoy. Juan estaba bautizando en el río Jordán y acudían de toda Palestina para escuchar al gran profeta que anunciaba la pronta venida del Mesías. La gente se bautizaba como un signo de penitencia que invitaba a convertirse del pecado. Era un bautismo, pero no era el sacramento del bautismo instituido por Jesucristo con su muerte y resurrección y dado a la iglesia. El de Juan era como un gesto de humildad con el que se reconocía el pecado. Jesús también acude a ese bautismo en solidaridad con todos los pecadores, es decir, él no tenía pecado, pero se pone en la fila con los pecadores: aunque Juan se opone, Jesús quiere así cumplir lo que Dios manda. Así se lo dice a Juan. Él es el siervo que carga con todos los pecados de la humanidad. Es un acto de obediencia al Padre.

La palabra bautismo en griego significa ‘sumergirse’. Jesús hizo de toda su vida un sumergirse, un entrar de lleno en la voluntad del Padre. Se sumergió en nuestra naturaleza, cargó con el pecado del mundo como Cordero de Dios, se entregó a la muerte para resucitar a la vida.

El bautismo de Jesús es una buena ocasión para recordar nuestro sacramento del Bautismo. Por este sacramento hemos recibido la gracia de Dios, la vida que brota de su amor. Dios nos hace hijos amados, nacemos a la gracia, a la vida de Cristo, nos sumergimos en su muerte y resurrección. Recibimos la luz, la iluminación, para que vivamos como hijos de la luz. Dice san Pablo a los romanos que fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a una vida nueva.

Hoy damos gracias a Dios por el bautismo recibido, por haber sido aceptados como hijos suyos, por el don de la fe, de la esperanza y de la caridad, por entrar a la comunidad de la iglesia, de los bautizados. Damos gracias a Dios por nuestros padres y padrinos que nos presentaron a Dios para tener la vida y la misión de Cristo Jesús por el sacramento del bautismo. Feliz domingo.

Fr. Jacinto Anaya, oar

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