
Con la fiesta del bautismo de Jesús en el río Jordán se terminaba el tiempo de Navidad. Descubríamos la presencia de Dios entre nosotros, el Enmanuel. Hoy, después del bautismo, Juan el Bautista da testimonio de Jesús. Juan es el profeta que ha visto lo sucedido mientras el bautismo: el Espíritu que descendía sobre él, la voz del Padre diciendo que era el hijo amado. Hoy, Juan el Bautista lo señala, lo identifica como el Cordero de Dios.
Juan sabía muy bien que él no era el Mesías, él no tenía respuestas para aquel pueblo. Pero conoce a Jesús y su experiencia en el bautismo.
Por eso, como profeta, su misión será anunciarlo a los demás. Los profetas no sólo conocen, sino que han de comunicar lo que saben, lo que conocen. Eso es lo que hace Juan. El que ha descubierto la verdad no tiene más remedio que anunciarla. Esto es lo que se pide hoy a los creyentes, a los cristianos. Comunicar al mundo la verdad de Dios, la verdad del hombre.
Juan nos da también un ejemplo de humildad, característica del verdadero profeta. El importante no es él, sino aquel que es mucho más que él. También para el cristiano la humildad es esencial para poder anunciar a Cristo Jesús. Anuncia a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cristo Jesús será el cordero de la nueva Pascua. Así como la sangre del cordero libró a los israelitas del exterminio, Jesús será desde ahora ese cordero inmaculado, sin mancha, que quita el pecado del mundo. Esta es la gran verdad: sólo él puede quitar el pecado del mundo.
Cada día nos encontramos con la realidad del pecado, aunque muchos no quieran reconocerlo. Se peca contra Dios, se peca contra el prójimo, se peca contra uno mismo. El primer paso será reconocer el pecado, reconocer la enfermedad para poder curarse. Sólo Cristo Jesús puede quitar el pecado del mundo. Sólo aceptando a Dios y a su Hijo Jesús el hombre puede quedar libre del pecado, vivir en la verdad, construir un mundo nuevo. En cada Eucaristía se repite: Cordero de Dios, que quitas el pecado de mundo, ten piedad de nosotros. Danos la paz. Gracias, Señor, ayúdanos a darte a conocer a los demás con nuestro testimonio y nuestra vida como el único que nos trae el perdón y la nueva vida. Feliz domingo.
Fr. Jacinto Anaya, oar


